el-consejo-de-la-abuela

Con los 40 largos, y los 50 que se me vienen encima, logré uno de aquellos sueños que creemos nunca se cumplirán.

Tras mil vueltas y luego de haber vendido hasta la cucha del perro, prometiéndole que dormiría adentro, me encontraba con Transalp nuevita en el patio de mi casa.  

Aún no tenía más que la moto pelada, pero ¿qué menos? Aún no tenía ropa, ni valijas, ni maletas… sólo la moto…  Imaginen la emoción y las ganas de andar que tenía.

Una tarde, dando una vueltita por mi pueblo, pueblo de primera (si metés segunda se te termina), con mi amarilla nuevita, me percato que desde una camioneta blanca, un señor, joven, me hace señas.  

-Y éste que quiere?…-

Me estaciono, me bajo y lo espero a que haga lo mismo.

Éste era un lugar muy tranquilo. La reacción en la ciudad, en los tiempos que corren, hubiese sido darse a la fuga. 

Le calculé unos treinta años. Por la carita juvenil y desconocida, imaginé que no era del lugar.

Acá no somos más de diez mil, ni contando los muertos. Así que nos tenemos, al menos, vistos de algún lado.

Me dice que tiene una moto igual, de otro color… y que me había parado para consultarme por el “ABS”.

¿ABS?… Éste ni sabe lo que compró.

Le explico que las que entraron al país, Argentina, no traían. Eran todas, sin esa tecnología.

Pone cara de sorprendido,… O le mintió el vendedor, o el por sí solo, estaba convencido de lo contrario.

Pero se repone y continúa hablando sobre la moto. Me cuenta sobre un viaje que ya había hecho por la zona…en fin, lo que hablamos siempre en estas circunstancias. Lindo esto, feo aquello, mejorable lo otro. 

Les afirmo que hasta de mujeres, hablamos. Yo no. Él!

Como para seguir hablando pavadas y no, porque me interesase, le pregunto de dónde era y me sorprende con un:

-De acá…- 

Ahí, el que quedó de mandíbula caída, pasó a ser el que escribe.

No es fácil ser “de acá”, y que no nos conozcamos.

Si era de acá, y yo nunca lo había visto,… y él no me conocía, tampoco a mi… no cerraba nada.

¿Qué está pasando, acá?, me pregunté para mí. Olía a “gato encerrado”.

Entonces, como para tirarle una pista, por si al menos me había escuchado nombrar, y encontrar  algún punto en común, le digo:

– ¿De acá?.. Mirá, a mí me dicen El Cura, todos me conocen por “El Cura”…-

– A mi también…- contesta. Y sonríe.

Así, sin anestesia. La mandíbula me rebotó en el piso. Jamás había escuchado que a otro tipo le digan “El Cura”. Ni acá, ni en mil lugares que me tocó andar o vivir.

Me la dió en la punta del mentón… Desconcierto total.

El vago me ve groggi contra las cuerdas y aprovecha para liquidarme:

– Pero yo soy CURA de verdad-

Naaaaaaaaaaáááá!!!!!!!!!!! Éste me está boludeando!

Caliente y sin dudarlo, saco una mano a lo Roña Castro contra Jackson:

– ANDÁ A CAGAAAAAARRRRRRRRRRR!!!!!!!!….-

Se ríe, sabe que esta dominando la pelea. Y por robo. Es como que disfruta de mi desconcierto y más me irrita….

Como sabe que aún no estoy a punto caramelo, como para embocarlo, con mucha tranquilidad, se pone a revolver las solapitas del cuello de la camisa…

Pienso para mí: -¿Qué le pasa a este boludo, ahora le pica el cuello?…-

Con un “-Ves?…-”  Totalmente sobrador, me pone a la vista y se ordena muy prollijito… el cuellito blanco que usan los curas de verdad!!!!!

…Yo buscaba un rincón con asistentes… alguien a quien gritarle:

-Tiren la toalla,… Me está matando!!!!-…

Me quería ir. Ya!… no soportaba un minuto más.

De puro compromiso y porque mis padres algo lograron educarme, suelto un:

-Bueno, algún fin de semana de éstos organizamos para dar un vuelta.- Ésas cosas que se dicen… 

Bajito, casi sin mover los labios… cosa de que no note demasiado entusiasmo. Yo no lo quería ver nunca más!!

Y ahí, tal vez dolido por mi no bien disimulada falsedad, me mete un golpe bajo, derecho a las bolas:

– No, yo salgo en la semana. El Fin de Semana, NO PUEDO!- 

Me dice fuerte, el “NO PUEDO”…

Claro!,… el señorito da misa…

Yo sabía que iba a tener una. 

Ahí nomás recurriendo a mi poco honesta experiencia callejera, le tiro tierra en los ojos:

-Ah, claro, vos durante la semana te rascás las bolas…je-je-je!.-

Lo veo que trastabilla… Cómo lo disfruté!

-EHH…. no…. algunas cosas hacemos…- 

A ésa la sintió, el guacho! Se dio cuenta hasta el de la tercera fila que se levantaba para ir al baño, aburrido de que me peguen.

Te dejo, pibe… no me quiero abusar…

Como “Maravilla” Martínez con Julio Cesar Chaves… La pelea la ganó, pero de ese último round, no se olvida más.

Subo a la moto y me alejo pensando en aquellas palabras que escuchas de chico y se te graban de por vida.

Mi abuela, que pasó los cien, me dijo un día:

-Nene… si en este país la querés pasar bien, hacete cura o milico.-

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