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Es lo que hay. Ese momento del año en que no queda más que aguantarse las ganas y quedarse “guardado”, más aun incluso hay días en que andar “enlatado” representa un cierto riesgo.

Lo digo con toda la responsabilidad que me corresponde desde la experiencia personal. Uno puede creerse o sentirse muy seguro de sí mismo, pero en la calle o en la carretera no sabes con quien o con que te vas a encontrar.

Por mi parte no hay muchas vueltas que darle a tema, se guarda: sin dilaciones, sin atrasos ni aplazamientos de ningún tipo. Pero aclaremos la situación.

Si vives en lugar donde el clima es benigno todo el año, donde el invierno no representa más allá de un par de meses de lluvia, entonces ni viene al caso molestarse en guardar nada.

Está claro que la situación antes planteada no es la que muchos de nosotros vivimos por un periodo promedio a los tres meses, cada año cuando no un poco más, haciéndose extensivo a lo que en otros puntos geográficos llamaríamos con justa razón primavera. Luminosa, brillante, florida y para nosotros, los sureños extremos, nostálgica en alto grado.

Queda armarse de paciencia, aguantar las ganas y seguir adelante, con la esperanza de que este invierno será menos duro y más corto.

La imagen que acompaña esta publicación podría describirse como “definición grafica de pena”

Tal como comentaba al inicio “Es lo que hay”.

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