la bella y majestuosa carreterra austral chilena

Año a año cientos de turistas cruzan el mundo para venir con sus motos a recorrer la Carretera Austral y sus rutas patogénicas.  Año a año los vemos cruzar raudos en sus corceles de acero comiendo el polvo o saboreando la lluvia….

Ellos sienten que han llegado a lo máximo al enfrentar los macizos cordilleranos, cruzar las alturas del Queulat, del Moraga o del Cofré o al serpentear por los caminos culebreemos de la Patagonia Aysenina, saltar las alambradas que la dividen de Argentina, avanzar hacia la Cruz del Sur buscando el fin del mundo.

Yo en cambio, soy de los afortunados que no deben cruzar el mundo para hacerlo.  Abro la puerta de mi casa y estoy en las rutas patogénicas, soy de los afortunados que no la recorren una vez en su vida como una meta, sino que la cruzo a diario día a día, porque soy de los que viven en el paraíso terrenal. Soy un patacón y La Patagonia es mi hogar.

Los caminos son agrestes, muchos de ellos no tienen pavimento ni asfalto.  Con suerte, hoy el gobierno se ha preocupado de mejorarlos, pero diez años atrás era una aventura extra ir por los víveres hacia o desde la capital regional, Coyhaique, al resto de la región. Es que serpentear los macizos andinos que se alzan majestuosos en mi pequeña moto no tiene precio. A veces, el sol escaso es quemante, y en otras, la lluvia incesante golpetea tu casco.  El frío hace que tu propia respiración empañe tu casco, mas eso no impide puedas deleitarte con las maravillas que nos rodean.  Infinitas hectáreas de bosques vírgenes que adornan la ruta, nieves eternas ahí, casi al alcance de la mano, como si fueran berlines espolvoreados con azúcar flor. Cascadas que se desangran a vuestro paso y a ratos los fiordos llenos de mar que se adentran entre las bajas montañas.

Es que la Carretera Austral, definitivamente es un sendero que atraviesa el Edén.  Sobre la moto hay una sensación de libertad inconmensurable e incomparable a otra sensación como esa, porque aunque el frío nos cale los huesos a ratos y nos entuma las manos, aunque la lluvia nos empape la ropa o el sol nos cueza la piel, da lo mismo: viajar en moto es distinto de viajar sobre cualquier otro vehículo, porque sobre la moto el destino no importa… lo que importa es la ruta, es el viaje mismo, no adonde llegas.

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