bombero

Estaba mirando la puerta cuando lo vi entrar. Llevaba una chaqueta de cuero negra y un casco de moto cerrado de color verde no combinaba bien con su ropa. Unos térmicos empolvados y unas botas igual de sucias. Mientras caminaba entre las mesas se quitó el casco y una pequeña careta que cubría su cara del frío.

Solo ahí contemplé su rostro. Era un tipo guapo, de tez blanca, ojos claros y barba hirsuta, delgado, de unos treinta y tantos. Al quitarse el guante pude ver una enorme cicatriz en su mano derecha, como si le hubieran tenido que zurcir los dedos despegados en su mano. De sonrisa afable me pidió una cerveza sin alcohol en la barra, mientras yo me deleitaba en sus ojos verdes y su acento denotaba que era chileno. Se sentó en la barra mientras cruzamos algunas frases. Le dije que mi turno estaba por terminar y tenía muchas ganas de ir a bailar, le sonreí coqueta a ver si me acompañaba, pero él solo devolvió mi sonrisa y se bebió su cerveza. Me dijo que era de Puerto Aysén, una ciudad pequeña en la Patagonia chilena y que venía recorriendo un par de kilómetros en moto. Antes de irse, me dijo su nombre: Rodolfo Knöpke. Intrigada por el motociclista misterioso lo busqué por internet en google, facebook, twiter y todas las redes sociales hasta que lo encontré. Se llamaba Rodolfo Knöpke Beroíza, era abogado de profesión, Juez de Policía Local de Lago Verde, según su perfil y gerente de la firma de abogados Cisne Negro Limitada. Contrariamente a lo que espera uno de un abogado, un sujeto formal, muy serio, casi fome, Rodolfo era lo contrario, de sonrisa ligera, alegre, informal, sentía una especial atracción por la adrenalina.

Le gustaban las motos, pasión que había comenzado con una pequeña bicicleta en su infancia, y que luego cobró motor, al punto, que había cumplido su servicio militar en una unidad de exploradores motorizados, cuyo casco aún conserva y que usa en reemplazo del que rompió en su última caída. Recordé la cicatriz de la mano y asumí que había tenido un accidente en moto, pero no, estaba equivocada. El accidente había sido combatiendo un incendio como bombero, otra de sus adrenalíticas pasiones. Rodolfo había sido casado. Apasionado como era su estampa, se casó a los veinte años, con Karen Sepúlveda, una valdiviana adicta a las letras, con quien casó a escondidas como una novela de amor después de un noviazgo de un mes y medio.
De ese matrimonio nació su única hija, Sofía. Divorciado después de diez años, mantiene hoy una relación de tres años con Gissela Cifuentes, su mejor copiloto como él mismo la define. Con ella hicieron la gran aventura de recorrer en moto, por más de cuarenta días Argentina, parte de Bolivia y Chile, cruzando el paso Jama, el Desierto de Atacama, el altiplano boliviano, la cordillera de Los Andes, la Pampa argentina. La pareja recorrió las carreteras y rutas de estos tres países sobre una Suzuki GN 125h. Una aventura extraordinaria y digna de repetirse, diría Rodolfo entre sus amigos. Pero la pasión motera del abogado y bombero no se agota ahí. Hace regularmente viajes en moto dentro y fuera de Chile, asistiendo a algunos encuentros de motos y motociclistas, como cuando asistió a Comodoro Rivadavia en diciembre pasado al 5to. Motoencuentro Choique, donde conocio a Kitty, la fotografa Chilena que habia ido de Porvenir Tierra del Fuego y participando en C.A.M.A con la colaboración que pueda, y siempre que su apretada agenda se lo permita en cuanto a sus diversas obligaciones profesionales, que incluyen entre otras actividades, ser el Notario Suplente de Puerto Aysén y Juez de Policía Local en Lago Verde. Viajero y trotamundos empedernido, a veces podemos encontrarlo en La Patagonia chilena, a veces, en el extranjero, a veces en Santiago y a veces en cualquier parte, acompañado de su moto o sin ella. En cuanto a eso, comentan que ha sufrido un par de accidentes en moto y que varias cicatrices hacen fe de ello. Espero que lo podamos ver nuevamente en un próximo encuentro de motos y vuelva a entrar por la puerta del mismo bar, me regale algo más que un sonrisa y pueda ver las cicatrices que adornan sus costillas y que hasta hoy no he podido conocer.

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