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Denise, tiene 24 años y se atrevió, trabajo, junto sus ahorros y su ruta comenzó en Rosario…….. Más de 5.300 kilómetros en 20 días, sólo mi moto y yo. Pocas fotos, los recuerdos los llevo guardados en mi mente por siempre.  Tenía la mente lista para recorrer sólo la región de Cuyo, pero 8 horas antes de partir, decidí salir para el norte argentino.  Dos mochilas, un gps en mi celular que usé en solo una ocasión, sin herramientas ni mapas, mi traje para la moto, y ya estaba todo listo.

Una hoja de ruta simple, distancias entre estaciones de servicio y ganas de que la noche terminara lo antes posible porque la ansiedad de salir a la ruta me estaba ganando. Dormí como pude, me desperté llena de energía.

Primera parada en Córdoba, siguiendo por Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy hasta llegar a la Quiaca. Bajé 1600 kilómetros, hasta la región de Cuyo. Paisajes de película, tormentas, el sol del mediodía pasando el trópico, desiertos, salares, salinas, lagunas, diques, yungas, sierras, ondulaciones, montañas, caminos asfaltados, ripio, cornisa, rectas interminables, curvas espectaculares, la soledad en su máxima expresión, la compañía más hermosa y esperada, gente de todo el mundo, curiosos que se me arrimaban a preguntarme qué hacía sola, a dónde iba, cientos de kilómetros en la más absoluta soledad, ciudades atiborradas de gente y tráfico, saludos entre motociclistas, increíble amabilidad de la gente, siempre dispuesta a darme una mano, experiencias de otros viajeros, charlas largas…
Instinto, miedo, miedos superados, percepciones, energía, soledad, curiosidad, pruebas, preguntas y respuestas, silencios, reflexiones, decisiones, rutear hasta donde me lleve el viento, amar cada segundo del viaje, ganas de que la ruta no finalizara más, LIBERTAD…
Vientos laterales, en contra, a favor, tierra, sol abrasador de 45 grados en Santiago del Estero, y frío de 5 bajo cero en la Quiaca.. Sufrimiento? No! Experiencia y de las mejores que viví. Ponerme a prueba en cada instante, ver hasta dónde era capaz de llegar. Y daba para más, pero el tiempo me ganó, los días pasaron demasiado rápido y ya era hora de volver. Y sinceramente no veo la hora de volver a la ruta, sin rumbo fijo nuevamente, manejar hasta que me tiemblen las manos. Jamás me sentí con tanta vida como arriba de mi moto. Volver a Rosario, bailando arriba de la moto durante más de 700 kilómetros, no tiene precio. Volvía sin ganas, pero FELIZ y AGRADECIDA.
Bauticé a mi moto como Nikka, antes de hacer este viaje. Nikka Island es una isla paradisíaca de Maldivas, país que tuve la suerte de conocer. Que tiene eso que ver con la moto? Andar en moto es lo más cercano al paraíso para mí, de ahí su nombre.

Fue mi primer viaje largo en moto, por eso tantos sentimientos, pero.. “Las palabras nunca alcanzan, cuando lo que hay que decir desborda el alma”.- , y cuántos viajes más vendrán! Definitivamente, es un pasaje de ida. Por lo menos para mí.

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