sea-bueno-pero-no-se-deje-atrapar

Residiendo en la Patagonia, los que solemos transitar sus rutas, nos hemos acostumbrado a ver diferentes tipos de viajeros.

Mochileros, ciclistas, moteros, “motor home”, casillas rodantes… Incluso algunas curiosidades, como supo andar alguien con una carretilla hace algunos años, o con un carro de supermercado, no hace tanto.

 Creo que todos a los que nos gusta la moto, hemos viajado o aún mantenemos el sueño latente, hasta que se nos dé la oportunidad.

La mayoría, digamos. También conocemos y respetamos a aquellos que sólo la tienen por el gusto de tenerla.

Para la vueltita del domingo, siempre que esté lindo o sólo para exhibirlas, en el peor de los casos.

El viajero será siempre viajero y nunca turista. Cualquiera sabe la diferencia. Y el que no la sepa, hoy no es el día para que se los explique. 

El viajero viaja. En lo que puede, o en lo que tenga. 

En las últimas décadas, se comenzó a observar, una nueva figura viajera dentro del abanico de estilos y modos.

El viajero-manguero… El croto-viajero. El que viaja pidiendo.

Gente humilde, de pocos recursos, con deseos de cumplir un sueño?… 

No. No se equivoquen. No estoy hablando de gente de pocos recursos.

Esta gente, de mochila o en moto, no es gente a la que le falte nada. 

De hecho, la mayoría de ellos tienen estudios, idiomas, y son hijos de familias pudientes. 

Y hasta algún viajecito a Europa ya tienen para contarte.

Muchos de ellos son “blogueros”… No todos. 

Qué es un “bloguero”? No les voy a contar lo que hacen. Intuyo que ya muchos lo saben.

Para los que no, imaginen… Un espacio en la web… dónde cuentan sus viajes y buscan sponsors… suben videos y buscan sponsors… suben fotos y buscan sponsors. 

Algunos de estos espacios son muy interesantes, y otros francamente una porquería. 

Son fáciles de reconocer. Es esa gente que cualquiera de ustedes ha visto por ahí, en centros turísticos o no, que tienen una mutación en la mano. Son deformes.

Si los observan en detalle, no tienen una mano normal, como las de cualquier humano. Una palma, cinco dedos… uñas.

A ellos les ha crecido, desde la palma de la mano,… una camarita.

Si!. Una cámara; de ésas que filman.  

Me dirán algunos que es imposible tal mutación genética…  Pero yo estoy seguro. Los vi y se los aseguro… Les creció ahí. Tengo pruebas y se lo discuto a cualquier biólogo especialista en anatomía.

Sería imposible, si no, imaginar que alguien se esté filmando cuando come, cuando camina, o hasta cuándo se acuesta. 

No es lógico, no?… Si pudieran desprenderse de ella, lo harían… Díganme a quién le gusta ir al baño, con una cámara en la mano?

Es evidente que les creció ahí, y para peor, direccionada hacia ellos mismos. En sus videos se puede observar un: 20% de paisajes, detrás de sus caras, 70% de sólo sus caras, y el 10 restante lo aprovechan, haciéndole una “entrevista” a alguien.  Por supuesto el entrevistado es el que está detrás, del perfil de sus caras. Y ellos no pueden dejar de mirarla!… Miran más tiempo la cámara que a sus entrevistados a los ojos.

Pero esta mutación, que les impide usar una mano para los fines que nos la han provisto, les ha sido recompensada con una gran Don.  

Debe ser hermoso tener un Don… Cualquiera que lo posea, con sacrificio, podría llegar a ser un gran artista.

Algunos de ellos, lo han sabido aprovechar y desarrollaron un gran arte.

El arte de dar pena.

-Dar pena?- Se preguntarán ustedes… 

-Y para qué sirve dar pena?-  

Quién, en su sano juicio, desperdiciaría algo tan valioso como un Don, para dar pena?

Ellos. Y saben muy bien lo que hacen. 

Ellos, aventureros de verdad, no les quito ese mérito, decidieron recorrer el mundo, el continente, o su país, demostrando que se puede hacer con muy poco dinero. Sólo basta la actitud.

Todos sabemos que esto es imposible para cualquier persona de bien. Sabemos que para viajar necesitamos dinero. Y no poco. Cualquiera que haya realizado un viaje, solo o con su familia, sabe de lo que hablo.

¿Cómo es que lo hacen entonces?

De la forma más sencilla… Dando pena. Grandes artistas, dando pena.

Generalmente no te piden… No te quieren presionar. Sólo te dan a entender los que les hace falta. 

Otros te piden, lo mínimo. Un lugarcito para armar la carpa, un silloncito  para dormir, ese cuarto de gaseosa que ibas a tirar, o una cubierta vieja porque a la suya ya se le ven los alambres  y temen sufrir un accidente.

¿Un silloncito para dormir?… No me jodas. 

Te arman una telaraña de pena.  

Es entonces cuando la buena gente, solidaria y desprevenida…  es atrapada. 

Pero no por tonta. Por buena. 

Simplemente tiene enfrente a un rival con Dones. No hay competencia. 

Son como esos súper-héroes que te tiran rayos de luz o bolas de fuego. Te cagan! Vos estás a mano pelada y ellos con todos sus artilugios.  

Una vez capturada, cómo actúa la “víctima”?

-Nene, vení a casa, tenemos una cama, te podes dar un baño. Hacemos algo de comer. Que te gusta?-

-Te molesta si llamo a mi vecina para que te conozca?-

– Nos podés contar alguna anécdota de tu viaje?-

-Te molesta si nos sacamos una foto?-

El humilde personaje ficticio, el “Dador de pena”, logró transformar la escena.

Ya está instalado y ahora, con su ego bien mimado, ya es nuevamente, el centro del mundo y se adueña de la situación.

Siempre desde su “humildad”, se va a bañar, te va a dejar la pileta llena de pelos, te va a comer hasta la puerta de la heladera, va a lavar su ropa, te va a criticar la comida en tono de broma, y si puede,… te voltea a la nena! 

Al otro día, sus anfitriones, los despiden con una gran sonrisa. Y le dan más “cositas” para el viaje, como si se estuviese yendo a la guerra. 

Sé de algunos a los que les han llenado el tanque de nafta. 

Una vez que les dé la espalda. Ni sus caras, recordará. 

No hicieron un amigo, sépanlo. Le dieron de comer a un farsante. 

La gente es buena… Y ellos basan su viaje en aprovecharse de esa bondad. 

Saben que hay mucha. El único esfuerzo, será volver a armar la telaraña y repetir el ciclo. Allá, y más allá.

Y que pasa cuando les sale mal, y tienen que pagar un camping, un hotel?

Escribirán en su blog, que en ese pueblo la gente es una mierda! 

-Cómo puede ser que haya gente tan poco solidaria?!!-

Sencillamente, no los quiero. A esos personajes, que no son mayoría por suerte, no los quiero.

 

Por mala gente y porque le cierran puertas a muchos viajeros de verdad, que algún día pueden necesitar una mano.  

Renegaré siempre del que se aprovecha de la gente buena. Me subleva y me re-calienta.

La puerta de mi casa… un boludo más, no se abre más para esta gente.

Sepan disculpar, amiguitos…  A otros con ese verso.

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