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El Moto-viajero generalmente gusta de alcanzar lugares míticos o transitar por caminos con cierta reputación.

Otros, más aventureros, intentan llegar a lugares de difícil acceso, o bien, ir descubriendo por propia cuenta, nuevos puntos de interés. Para esto, suelen ser muy recomendables las charlas con los lugareños, o bien, contar con información de algún compañero que pueda aportarnos algún dato.

En este caso y para quien le interese, a través de un relato, dejo una impresión de una zona de Catamarca.

Catamarca es una provincia poco, o mal, promocionada turísticamente, pero sabemos que lugares atractivos y de gran belleza, no le faltan.

En toda su extensión, de Belén a Santa María por la mítica 40, de Fiambalá a la Cuesta del Portezuelo por dónde se te ocurra; mil lugares para conocer con diversidad de paisajes alucinantes. La Ruta del Adobe, Cuesta de Miranda,…

Es cierto que no siempre acompañan los caminos, pero en moto más que un problema, es un incentivo extra. O, no? Maricones de moto-café abstenerse. Las van a ensuciar.

Como para incursionar en la zona de Andalgalá, que es a la que me voy a referir, les comento que se puede acceder desde Belén por el Oeste; desde la Capital de la Provincia, desde el Sur; desde Tucumán desde el Este, o desde Santa María, por el Norte.

Aquí, el relato.


Andalgalá- Mina Capillitas (La Cuesta más larga de Sudamérica) y tramo de tierra para retomar la 40, antes de Santa María.

Estamos cenando en la vereda de una plaza. La plaza de Chaquiago. Pueblo vecino a Andalgalá.

Fue la opción ya que los dos hospedajes importantes estaban completos por seminarios o congresos.

La Casona, se llama el hospedaje y se trata de un viejo casco de Estancia muy pintoresco y bien cuidado.

Una mesa cada 15 metros.

Para que estar amontonados, si espacio es lo que sobra?

Lo que podríamos llamar “Restaurante” era una cocina que estaba al otro lado de la calle en una esquina frente a la plaza.

El salón de comidas?… La plaza. Acá están las mesas. De la esquina para la derecha, y de la esquina para la izquierda.

Sin ocupar los senderos de tránsito peatonal, por supuesto. Sobre la tierrita.

Tendrá habilitación?… Salida de emergencia, tiene… Corrés para cualquier lado y te ponés a salvo. Y si viene de “cuetes”, abundan árboles para cubrirte.

Imaginen al mozo. Un maratonista. Más piernas que el Kun Agüero.

El final de cada una de las dos hileras de mesas, se encuentra a más de 50 metros de lo que habíamos quedado en llamar  “restaurante”. El hombre arrancaba con platos y bebidas hacia una fila. Servía, tomaba otro pedido, volvía, y de nuevo, salía para el otro lado. Si le ponés un odómetro, clava los “42K”, como se dice ahora.

Veníamos de hacer dos días de ripio con mucho calor y se sentía el cansancio.

Que es, “mucho calor”?… Que no podés tomar el agua que traés porque está para té. Que el electro no se apaga ni yendo  en recta a 80 km/h. Que es mejor bajar el visor porque el aire que te da en la cara es más caliente que el que tenés con el casco cerrado… Mucho calor.

Mis compañeros, Hugo y Vero (La dama va primero pero los amigos los identificamos así. Ella no se enoja) estaban más desgastados que yo, porque venían de hacer la zona de Fiambalá, cuando nos encontramos en Belén. Mientras que yo había “descansado” en La Rioja por un problema mecánico.

Desde Belén nos vinimos juntos hasta Chaquiago. Cuesta de Belen más una larga recta que te deposita en Andalgalá. Y al otro día, ayer, habíamos ido y vuelto hasta Puesto Banderitas, subiendo la cuesta del Clavillo. Antes, la cuesta de Chilca y conociendo una maravilla como el Valle de Aconquija.

En la charla de la cena, decidimos hacer un tramo corto y descansar. Subir desde Chaquiago a Mina Capillitas haciendo la cuesta que, según dicen, es la más larga de Sudamérica (Unos 45 km de cuesta creo que medí) y alojarnos en el Hotel que hay arriba. “Refugio del Minero”, se llama.

Al otro día,  saldríamos hacia la “40” por un camino del que nadie sabía darnos referencias concretas. Sabíamos que serían 50 o 60 km, pero al no tener información, era mejor arrancar descansados. Cuando no se consiguen referencias, es porque es poco transitado. Y si es poco transitado,… por algo será.

La cuesta a Mina Capillitas, tiene buen piso, por suerte, pero la huella es angosta y los precipicios, muy profundos. Exige concentración, y sabés que hay poco margen para el error. Si una piedra mal pisada te saca para el precipicio, tratá de tirarte antes de que caiga. Siendo optimistas, si lográs caer sobre la huella, tendrás salud para ahorrar y comprarte otra moto.

Cuando quitaba la vista del camino para observar el paisaje, daba con profundidades que te empiezan a dar cierta “cosita” en el estómago. No sufro de vértigo, pero despacito empezás a desear que se termine de una vez.

Otro condimento son las pendientes entre cada curva. Girabas en una curvita de 180° y se te presentaba una recta con una pendiente importante. Mirabas para arriba,.. y bueno, allá vamos. Una y otra vez. Por este motivo se sube rápido hasta los 3.800 msnm (aprox.)

Cuando logramos dar con un mirador como para detenernos, Hugo me comenta que también a él, le estaba pasando. No importa; ya faltaba poco. Tomamos algunas panorámicas y continuamos.

Pasando el cordón serrano, encontramos el camino de ingreso a la Hostería “Refugio del Minero” en Mina Capillitas. Nos detenemos a tomar agua, sacar alguna foto, y deliberar un poco.

Son las 13:30… Estamos bien? Si.

Hacemos noche como habíamos planeado, o seguimos?…

Miro hacia el llano que nos restaba cruzar para llegar a la 40 y supongo que no sería complicado. Se veían tramos de la ruta. No se perdía mucha altura por lo que no habría cuestas.

Sugiero seguir, ésos 50 restantes, los haríamos en no más de hora y media por ripio que sea. Retomábamos la 40 y en un rato estaríamos descansando en Cafayate.

Salgo adelante y comienzo el descenso suave por un camino sinuoso pero tranquilo.

Me voy acercando a los tramos rectos del llano. Los veo adelante.

Todo va tranquilo, aunque empiezan a aparecer algunos vados de arena, de arroyos secos que bajaban de la ladera con pendiente hacia la izquierda. Seguramente en época de lluvias, trajesen algo de agua. Ahora, sólo arena abundante y floja. Pasar con precaución.

Sobre el final de una recta de piedras y arenales, alcanzo a ver un curva en descenso a la derecha y contracurva a la izquierda para retomar una nueva recta. También veo un vado arenoso, abajo, antes de comenzar la misma.

Al iniciar la primer curva, me doy cuenta que ya en bajada, me encontraba en un arenal profundo. Sensación de médano con huellones profundos por el paso de algunas camionetas.

Despertate Curita!!!  Ésto se complica! La arena comenzó antes de lo esperado.

Llego frunciendo a la contracurva y ya enderezo como para salir a la recta. Más arena, bastante más. Y más profunda la huella que trato de seguir.

Ante la duda, acelere. Siempre lo aconsejo. Si creés que te vas a caer, acelerá. Es una oportunidad más.

Del dicho al hecho… a tierra, el indio. No funcionó, en este caso.

Caída suave, pero caída al fin. Se me acostó la Amarilla. Un guiño chueco y una pequeña rajadura en el parabrisas. La enderezo,  sigo, y me detengo en un alto de la recta. Confío mucho en el manejo seguro de Hugo, pero podría caerse también él. Y una cosa es caerse y otra es golpearse. Espero entonces, hasta que los veo venir, y continúo.

El camino se seguía poniendo extraño, raro… complicado. Sectores de arena, luego otros de piedras negras sueltas… un poco de serrucho firme y te volvías a encontrar con alguna de las dos variantes. Así que tranquilo… más atento a la aparición de éstos pisos que a acelerar en lo firme.

A lo lejos, veo arbolitos!…Un verde en la inmensidad del desierto.

El calor agobiaba, la sed se sentía y los labios se empezaban a resecar.

En cuanto llegue, me detengo a descansar a la sombra, y los espero.

De repente doblo a la derecha y que me encuentro? Un ARROYO!!!!!!!!! AGUA!!!!! ORO!!!!

Cruzo el pequeño vado pedregoso, detengo la moto y me vuelvo rápido a empaparme la cabeza. Hermosa sensación de frescura. Tampoco dudé en beber. Agua de la montaña, cristalina…  Incluso lleno la botella que traía.

(No voy a contar cómo terminé esa noche, para no herir la sensibilidad del lector. Dónde había guardado las putas pastillas de carbón?…)

Comienzo a reponerme con la hidratación, bajan las pulsaciones, observo el lugar, camino un poco tomando algunas fotos, mientras espero ansioso que lleguen los compañeros para compartir la alegría de disfrutar de este lugar. Totalmente inesperado, un oasis en el desierto. También ellos se alegrarían.

Nos quedamos un buen rato charlando y disfrutando del lugar. Sabíamos que nos restaban unos 30 km más. Sólo habíamos hecho 20 y estábamos destruidos.

-Ya está, ahora debe estar bueno-  Dice Hugo, optimista.

”Lo bueno”, fue peor que lo anterior. Tramos de colchones de piedras medianas de 50 u 80 metros de largo. Piedras negras, volcánicas, supongo. Y otro más, y otro, y LPM! ¿Cuándo se terminan?!

Cada nueva recta que iniciaba, me ilusionaba en que terminaría en la “40”. Pero al final, otra curva y empezaba otra vez lo mismo.

Ésa piedras no daban para caerse, ni aún despacio. De mediano tamaño y muy filosas. Era seguro que algo se rompería. Y yo, ya venía caliente por el guiño ése, que apuntaba a cualquier lado y la rajadura del parabrisas. Así que paciencia, y a seguir evitando la caída. Sentía que navegaba, cuando literalmente, flotaba en esos pedreros. No se pisaba nada firme.

Para que se entienda lo que ocurría, les cuento. Seguramente ese camino, usado por los mineros de La Alumbrera, fue empedrado y consolidado con tierra, para poder transitar lo que naturalmente es un arenal. Con el tiempo, y sin mantenimiento, los cauces de agua que lo fueron atravesando, se fueron llevando la tierra y quedó la piedra lavada. Y así quedaron, esos pedreros sin piso firme.

Finalmente llegamos ilesos y destrozados, al tan deseado asfalto de la 40.

Otro merecido descanso con entusiastas charlas y comentarios referidos al camino.

La experiencia fue muy buena. Un camino altamente recomendable para traileros amantes del ripio y caminos complicados.  Al que no le guste correr riesgos, puede subir y bajar la Cuesta, desde Andalgalá o Chaquiago,  tampoco se van a arrepentir. Realmente vale la pena. También dicen que hacer noche en esa Hostería, allá en la cima, es maravilloso. De noche, y por la altura, se pueden ver las luces de los pueblos distantes de la zona.

Romanticismo asegurado para parejas convencionales y moteros gay como yo, que por feo, aún no encuentro pareja…

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Ellas…¡¡¡Las Diosas!!!

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Sea bueno, pero no… se deje atrapar.

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